
Qué es una pareja sana y cómo construir una relación saludable
¿Qué es una pareja sana?
Una pareja sana está formada por dos amigos: dos personas que se apoyan mutuamente, sin que una asuma el rol de coach de la otra. No se trata de sumar o restar como en las matemáticas, como tantas veces se escucha, sino de algo más auténtico: yo hago mi propio camino, tú haces el tuyo, y decidimos acompañarnos en el proceso.
Una pareja sana no es una pareja perfecta. Todas las relaciones, como las personas, tienen virtudes y defectos; la perfección es una utopía imposible de alcanzar. Lo saludable es que ambos miembros se miren con honestidad y puedan reconocer conductas abusivas, controladoras o humillantes, tomar conciencia de ellas y trabajar para transformarlas en comportamientos sanos.
Acompañarse en los momentos difíciles
También implica aprender a ayudarse frente a los avatares de la vida. Habrá momentos de depresión, etapas de estrés intenso, duelos, o incluso situaciones en las que ambos atraviesen dificultades al mismo tiempo. Aprender a acompañar a la pareja en esos momentos, y a la vez aprender a acompañarnos y sostenernos a nosotros mismos, no es sencillo, pero sí fundamental.
Comunicación en una relación sana
Una relación sana es aquella en la que existe una comunicación no violenta: poder expresar al otro que algo nos duele o nos daña sin que sea vivido como un ataque personal, sino como una crítica constructiva orientada al crecimiento. Por eso, os invito a deteneros y reflexionar sobre vuestra propia relación y preguntaros qué queréis cambiar o mejorar, recordando que una pareja se construye entre dos personas: los dos tiran del carro, no solo uno.
Rutina, detalles y cuidado del vínculo
Idealizar la pareja, el romanticismo, la pasión o la intensidad sexual de los primeros momentos no es realista, ya que nada de eso es permanente. Con el tiempo, las relaciones pueden volverse rutinarias o incluso aburridas. Sin embargo, sorprender de vez en cuando a la pareja es una práctica saludable. Pequeños rituales, como enviar mensajes durante el día para decir “estoy aquí” y no desaparecer, generan seguridad y fortalecen el vínculo.
Cuidar la relación es como cuidar una planta: si uno se encarga de regarla y el otro de abonarla, ambos son necesarios. Si uno deja de hacerlo, la planta no sobrevivirá. A veces ocurre que una sola persona intenta sostener la relación haciendo todo, hasta agotarse o cansarse de ser quien siempre tira.
El tiempo compartido en la pareja
Para construir una relación es imprescindible pasar tiempo juntos. Si no hay tiempo compartido, la relación no avanza. Ese tiempo puede ser muy diverso: llamadas, paseos, ir al cine, compartir silencio, estar con amigos, o simplemente acompañarse. Una proporción saludable puede ser dedicar un 60% del tiempo a la relación y un 40% al trabajo, hobbies y amistades. Si esto parece excesivo, quizá sea momento de reflexionar sobre qué está ocurriendo.

Diferencias, conflictos y valores compartidos
También es esencial aprender a convivir con las diferencias. Aunque se diga que los polos opuestos se atraen, si no hay nada en común, nada une. Las diferencias generan conflictos, y aprender a gestionarlos es clave. A veces, como en el ajedrez, lo más sano son las tablas: no se trata de ganar o perder, sino de comprender al otro y aceptarlo. Tener puntos de vista distintos no es algo negativo.
Aun así, es necesario compartir ciertos valores, proyectos de vida e ideales. Por ejemplo, si uno quiere hijos y el otro no, hablamos de un proyecto vital incompatible, que solo funcionaría si alguien cede. Y si se cede, debe hacerse con plena conciencia y sin reproches futuros.
Discusión sana, aceptación y reparación
Las discusiones forman parte de la pareja, pero también es responsabilidad de ambos aprender a discutir de manera sana y a reparar el daño causado. La aceptación incondicional no significa resignación, sino comprender que el otro es como es y que no podemos cambiarlo. Podemos expresar nuestras necesidades y ver si la otra persona puede comprenderlas y cuidarlas.
Volviendo a la metáfora de la planta: no se cuida un cactus igual que una rosa o un bonsái. Cada relación requiere un tipo de cuidado distinto según el momento y las personas que la forman. Esto implica conocerse, comunicarse y aprender a cuidar al otro, permitiendo que el otro también exprese sus necesidades.
Honestidad y respeto
La honestidad es esencial en una pareja; es el verdadero elixir de la confianza. Una vez rota, reconstruirla es muy difícil. Las parejas más felices son aquellas que trabajan para que la honestidad sea un valor central. Cuando este valor no existe o no se puede sostener, suele aparecer el sufrimiento y, en muchos casos, la ruptura.

Finalmente, es fundamental recordar que debemos respetar a nuestra pareja como respetamos a cualquier ser humano o a un compañero de trabajo. Si no gritamos a un colega, tampoco deberíamos hacerlo con nuestra pareja. Lo difícil no es entenderlo, sino llevarlo a la práctica cada día.
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